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“El Vuelo” rutinario

El Vuelo Entretenimiento Digital

Se podía decir que “El Vuelo” pertenece al cine rutinario

Tras el visionado de la película “El Vuelo” dirigida por Robert Zemeckis en el año 2012, y aclarar un poco las ideas con la almohada puedo daros mi opinión sobre este film que aunque tiene aspectos brillantes, el conjunto en si es un resultado mediocre. Quizás lo único reseñable es el gran papel que interpreta Denzel Washington que realmente le puede regalar algún que otro premio de índole bastante importante (oscar).

Ahora bien analicemos la película parte por parte para ver a que se enfrenta el espectador. En su esquema principal dividido en tres partes claras, se salvan dos de ellas, para ser exactos las dos primera partes. En cambio el final de la película deja una secuencia moralizante que se sale de lo que venía siendo una dirección soberbia.

A partir de ahora entraremos más de lleno en la película, por lo que si no la has visto, te recomiendo que no sigas leyendo esta crítica. El comienzo es directo y tajante y en menos de tres minutos nos arroja a la mala vida de nuestro piloto protagonista y de su acompañante (Nadine Velázquez), que poco después sabremos que juega un papel muy importante dentro del film, aunque su aparición sea casi nula. Y según avanzan los minutos nos van dejando pistas sobre la personalidad de nuestro piloto. Pero antes de darte cuenta, ya ha comenzado la escena del accidente aéreo. La cual imprime un ambiente de tensión increíble sin recurrir excesivamente a los efectos especiales, esta escena llega incluso a ser angustiosa para el espectador. Quizás sea de los mejores accidentes aéreos filmados de la historia.

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Una vez producido el accidente, nos saca rápidamente de este, para centrarnos en lo que va a ser el argumento de la cinta. La visita a los infiernos de la vida de el protagonista y sus continuas recaídas en el alcohol. Pero esta parte no la hará solo ni mucho menos, la acompaña una ex-drogadicta que está dejando atrás su dependencia a sustancias nocivas y de la cual el director nos deja conocerla más tiempo que al resto, pues nos regala parte de su historia antes de conocer al piloto. Un representante del sindicato y un abogado que le es impuesto para intentar librarse de la cárcel. También cabe resaltar la aparición de su camello personal (John Goodman), que lo hace en dos ocasiones, corta pero intensamente.

Aquí es donde vemos y medimos la talla del Dezel Washingtong, pues hace una interpretación impecable durante todo el nudo. Incluso llegue a empatizar con el, pese ser un alcohólico drogadicto. Esta parte tiene un escena fascinante que se da en las escaleras de un hospital, sin grandes juegos de cámara, pero de una carga argumental y filosófica tremenda. Por otro lado existe la visita a la casa de su ex-mujer y el encuentro con su hijo. de nuevo con gran carga emotiva. Aquí se demuestra que con un guión magnifico y unos actores estupendos se pueden hacer de pequeñas escenas grandes momentos.

Todo parece ir bien encarrilado en la cinta, hasta el final, donde el director nos propone el desenlace moralizante y poco creíble por el que opta el protagonista. Podría parecernos chocante o algo parecido, pero para mi opinión recure al final rutinario de las películas clásicas, donde el malo la acaba pagando. Además este final viene acompañado de alusiones teológicas que nos hacen pensar que estamos ante un cinta producida por la iglesia.

En resumen, es una película entretenida e impactante, con grandes escenas que se quedarán grabadas en la memoria. Pero al final, acaba siendo algo intrascendente. Y parece ser otra de esas películas de rutina a las que nos tienen acostumbrados los de Hollywood.